Hay lugares a los que no se llega por casualidad. Se llega porque alguien te habla de ellos… o porque, sin saber muy bien por qué, sientes que tienes que ir.El 19 de noviembre de 2022 nos fuimos a buscar uno de esos lugares: el gran castaño de Igualeja, en pleno Valle del Genal. Era otoño avanzado, ese momento en el que el bosque deja atrás los amarillos y aparecen los ocres, cobres y rojos profundos. Aquí lo llaman la Primavera de Cobre, y cuando lo ves, entiendes perfectamente por qué.
Dejamos el coche en la carretera y comenzamos a caminar. No recuerdo exactamente cuántos kilómetros hicimos (hay rutas en internet sobre el castañar de Igualeja), pero sí recuerdo el desnivel… y sobre todo la vuelta, algo más exigente. El recorrido discurre por antiguos caminos agrícolas, atravesando uno de los castañares más altos de la Serranía de Ronda. Pero todo eso queda en segundo plano cuando aparece él.
Un árbol que no cabe en el encuadre
El castaño no es solo grande. Es descomunal. No hay forma elegante de decirlo: con un 16 mm en full frame, simplemente… no cabe.
Trabajé con la Sony A7III y el Zeiss 16-35 f/4, moviéndome entre f/8 y f/11 para asegurar detalle y profundidad. Pero rápidamente entendí que el árbol exigía otra forma de fotografiarlo. Ahí entraron los vertoramas. Varias tomas en vertical, ensambladas después, para construir una imagen que se acercara a lo que realmente estaba viendo.
Porque ese castaño no se deja fotografiar fácilmente. Hay que rodearlo, acercarse, alejarse… casi dialogar con él.
Cuando la luz decide
Hubo un momento en el que todo encajó. Durante unos segundos, el sol se filtró entre las ramas, lo justo para crear ese punto de luz que transforma la escena. Es una de esas situaciones en las que no haces la foto, sino que la reconoces cuando aparece.
Un árbol con historia
El castañar de Igualeja no es solo un conjunto de árboles. Es un paisaje cultural, trabajado durante generaciones, con majadas, senderos y usos que aún hoy se intuyen. Recorrimos la zona comprendida entre el Puerto del Hoyo y Guaitará de la Serranía de Ronda. Allí se encuentran algunos de los ejemplares más singulares del Valle del Genal, como el conocido Castaño Grande de la Venta o el Rebeco.
Este en concreto no sé si tiene nombre. Pero no le hace falta.
📍 36°37’17.5692” N 5°6’39.69” W
Una foto inesperada
En mitad de la sesión saqué el móvil. No para fotografiar, sino para registrar la localización. Usé el angular del iPhone 12 Pro y disparé casi sin pensar.
Pero al llegar a casa, aquella imagen seguía ahí. No es una cuestión técnica, ni pretende competir con las otras fotografías. Pero sí aporta algo distinto: una mirada más directa, más inmediata… más ligada al momento que a la intención. Y por eso forma parte de esta serie. Por eso y porque una herramienta tan pequeña con la que tomar fotografías no deja de sorprenderme. No es casualidad que esta imagen abra el post.
Fotografías que esperan
Las imágenes que forman parte de esta serie no las edité al volver a casa. Han pasado más de tres años. En este tiempo he estado reorganizando mi archivo fotográfico, revisando trabajos antiguos, redescubriendo escenas que en su momento pasaron desapercibidas. Y a veces ocurre algo curioso: encuentras una fotografía que ahora lo es todo. No porque haya cambiado la imagen, sino porque has cambiado tú.
Este castaño llevaba tiempo ahí, esperando. Y de alguna manera, tenía sentido que fuese ahora cuando estas imágenes vieran la luz.
Volver
No fue solo una serie de fotografías. Fue la sensación de estar ante algo que no se puede abarcar del todo. De que, por mucho que lo intentes, siempre queda algo fuera del encuadre. Y quizá por eso merece la pena volver.
No solo a los lugares… también a las fotografías que dejamos atrás.




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