Durante años he salido a fotografiar con un GPS en el bolsillo. Un GPS bastante caro, por cierto. Porque eso era exactamente para mí el móvil: una herramienta para recordar dónde estaba, no para mirar. Mientras la cámara colgaba del cuello y el trípode pesaba en la mochila, el teléfono solo servía para registrar el lugar con una foto rápida, frontal y sin intención. Una simple referencia. O eso creía.
El primer aviso (desde el aire)
El cambio de mentalidad no llegó desde el bolsillo, sino desde el aire.
La llegada del DJI Mini 3 fue el primer golpe a mis prejuicios. Un sensor de apenas 1/1,3 pulgadas capaz de generar archivos con una calidad que, sinceramente, no esperaba.
Ahí apareció la primera duda incómoda: Si algo tan pequeño puede rendir así… ¿qué estoy ignorando en el móvil?
“Fotografías realizadas con el dron DJI Mini 3”
Budapest: la prueba real
En Budapest, casi por accidente, mi sorpresa empezó a crecer. Durante un paseo nocturno en barco, llevaba un 23mm montado en mi pequeña Fuji X-E3. A medida que nos acercábamos al Parlamento, el encuadre se me quedó corto; fue entonces cuando eché mano del denostado ultra angular del móvil (0,5x) y logré la captura a pulso. Ya después, en el trayecto de vuelta tuve tiempo de montar el Laowa 9mm para conseguir la foto “planificada”.
“La fotografía de la izquierda está tomada con el iPhone 12 Pro en formato ProRAW. La fotografía de la derecha está realizada con la Fuji X-E3 y el Laowa 9 f2.8. Ambas fotografías tomadas a pulso.”
Al día siguiente, decidí dejar de teorizar y pasar a la acción.
Dentro de la Basílica de San Esteban, con una luz complicada —ventanas quemando altas luces y sombras profundas— hice lo que cualquier fotógrafo haría: comparar.
iPhone 12 Pro frente a Fuji. Seamos claros: al ampliar la imagen, la cámara dedicada gana. Mejor microcontraste, transiciones más naturales, más profundidad en el archivo.
Pero al mirar la fotografía en conjunto… pasó algo que no esperaba. El móvil resolvió la escena.
El HDR computacional fue capaz de equilibrar una situación compleja de una forma que, hace no tanto, simplemente no era posible. No perfecta, pero sí más que válida.
Y ahí entendí algo importante: El móvil no está aquí para sustituir a la cámara. Está aquí para obligarme a mirar de otra forma.
“La fotografía de la izquierda está tomada con el iPhone 12 Pro en formato ProRAW. La fotografía de la derecha está realizada con la Fuji X-E3 y el Laowa 9 f2.8 (se trata de un bracketing de exposición de 3 tomas). Ambas fotografías tomadas a pulso.”
Lo que estaba pasando sin darme cuenta
Al volver del viaje hice algo que nunca había hecho: revisar esas fotos “sin intención” que usaba como simple registro de coordenadas GPS.
Y ahí estaba. En muchas de ellas había algo que no siempre consigo con la cámara: inmediatez, intuición, menos cálculo. Menos obsesión por el histograma. Más atención a lo que tenía delante.
Fue un pequeño golpe de realidad. Durante años no he estado limitado por el móvil… he estado limitado por cómo lo estaba usando.
Nace “Otra forma de mirar”
De ese descubrimiento nace esta galería. “Otra forma de mirar” no es un proyecto técnico, ni una demostración de lo que puede hacer un smartphone. Es algo mucho más simple: un espacio donde fotografío sin el peso —literal y mental— de la cámara.
Sin planificación rígida. Sin la obligación de “volver con la foto”. Solo con la intención de mirar.
“Fotografías tomadas con iPhone 12 Pro en formato ProRAW”
El móvil como herramienta (sin mitos)
Aquí conviene ser claros. El móvil no sustituye a una cámara, ni lo pretende.
Tiene limitaciones evidentes:
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menor rango dinámico real.
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más ruido en situaciones exigentes.
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menos control óptico.
Pero también tiene ventajas que durante años he ignorado:
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siempre está encima.
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dispara sin fricción.
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permite experimentar sin presión.
Y además, la tecnología está evolucionando rápido. Formatos como ProRAW permiten trabajar el archivo con margen. O aplicaciones como las de Reeflex (en el caso del iPhone) empiezan a ofrecer un control manual real. No es magia, pero tampoco es un juguete.
Mirar antes de disparar
Si algo me está enseñando el móvil es esto: La fotografía no empieza en el sensor. Empieza antes, en la forma en la que te detienes, en lo que decides encuadrar, en lo que ignoras.
El equipo importa, claro. Pero no tanto como nos gusta pensar. No voy a dejar de usar mis Fuji. Siguen siendo mi herramienta principal y donde encuentro el mayor control y calidad.
Pero el móvil ha dejado de ser un accesorio. Ahora forma parte de la mochila, aunque no pese. Y, sobre todo, forma parte de mi forma de fotografiar.
Porque a veces, para avanzar, no hace falta cambiar de equipo. Hace falta cambiar la manera de mirar.
“Fotografías tomadas con iPhone 12 Pro en formato ProRAW”




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