El miércoles 27 de agosto recibí la llamada de mi tío, apasionado de la fotografía de aves. La propuesta era clara: pasar la tarde en el paraje natural del Guadalhorce. Había un motivo extra para no poder decir que no: probar el Tamron 150-500 mm recién adquirido para la Fuji X-T4. Con esa combinación en la mochila, las ganas estaban aseguradas, aunque la luz de media tarde fuera dura y complicada.
El Guadalhorce a finales de agosto
El humedal del Guadalhorce siempre sorprende, y a finales de agosto no es una excepción. Con el calor aún presente y las primeras migraciones ya en marcha, se puede encontrar una variedad de especies muy interesante. Los flamencos jóvenes empiezan a dejarse ver en grupos, aportando ese contraste entre plumajes blancos y grises. Las garcetas, siempre activas, ofrecen momentos intensos: lo más impactante fueron las peleas en pleno vuelo y en el agua, con despliegues de alas que llenaban todo el encuadre.
De cara a principios de septiembre, se espera que aumente el número de aves en paso migratorio. Es una época excelente para observar limícolas y para disfrutar de la mezcla entre residentes y visitantes.
El equipo: Fuji X-T4 + Tamron 150-500
Era mi primera salida seria con el Tamron 150-500 montado en la X-T4. La combinación me resultó muy equilibrada:
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Alcance y versatilidad: poder pasar de 150 a 500 mm sin cambiar de objetivo permite reaccionar rápido ante escenas tan diferentes como un retrato de flamenco o una pelea de garcetas.
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Nitidez: incluso en focales largas, la calidad óptica no decepciona.
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Peso y manejo: es un objetivo contundente, pero manejable si se busca un punto fijo y se trabaja con calma. Para acción rápida cuesta algo más, pero la experiencia compensa.
Galería
Comparto aquí una selección de 13 fotografías que resumen lo vivido esa tarde: desde los flamencos jóvenes en calma hasta las escenas más tensas de las garcetas. Una tarde intensa, con la luz que nos tocó, pero con la emoción de cada disparo.




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