Taller de cianotipia
Talleres | Fecha: 25 de mayo, 2026
Cuando una fotografía vuelve a convertirse en un objeto
Hay fotografías que permanecen durante años dentro de un disco duro. Otras terminan formando parte de un fotolibro, una exposición o una pared. Y algunas, de manera inesperada, encuentran un camino completamente distinto.
Eso fue lo que ocurrió con una fotografía en blanco y negro del Empire State Building que realicé hace ya algún tiempo. Nunca imaginé que acabaría convertida en una cianotipia sobre papel de acuarela gracias a un taller organizado por ASFOALH e impartido por José Miguel Morales Ofrecio.
Pero quizá lo más bonito de esta historia es que no empieza con la cianotipia. Empieza muchos años atrás.
Un reencuentro con la fotografía química
En el año 2015, decidí adentrarme en el mundo de la fotografía analógica. Recuperé dos cámaras que habían pertenecido a mi padre: una Olympus OM10 —a la que añadí la rueda manual de velocidades de obturación— y una Yashica Lynx 14E. Ambas pasaron por una revisión para devolverlas a la vida. Poco después completé aquel pequeño equipo con una Olympus OM-2 que encontré en el rastro de Fuengirola.
De forma autodidacta aprendí a revelar mis propios carretes, tanto en blanco y negro como en color mediante el proceso C-41. Aquella etapa fue apasionante, pero todavía me faltaba descubrir lo que, para mí, era la verdadera magia de la fotografía química.
Esa magia llegó en el año 2023 de la mano de José Miguel Morales Ofrecio.
En uno de sus talleres aprendí a positivar en papel fotográfico. Aún recuerdo la sensación de ver cómo una imagen comenzaba a aparecer lentamente en la cubeta del revelador. Aunque uno conoce perfectamente el proceso químico que está ocurriendo, resulta imposible no sentir cierto asombro cada vez que sucede.
Descubriendo la cianotipia
Hace unas semanas tuve la oportunidad de volver a coincidir con José Miguel, esta vez en un taller de cianotipia organizado por ASFOALH.
La asociación programó tres sesiones para permitir que cerca de treinta socios pudiéramos participar, una muestra más del interés que despiertan este tipo de actividades y del esfuerzo organizativo que hay detrás de ellas.
La cianotipia es uno de los procesos fotográficos más antiguos que se conservan. A partir de un papel sensibilizado con sales férricas y un negativo de gran formato —en nuestro caso, impreso sobre acetato—, la luz ultravioleta transforma químicamente la superficie hasta obtener esas inconfundibles imágenes de intenso color azul.
Para el taller llevé mi fotografía del Empire State Building. El proceso comenzaba preparando cuidadosamente el papel sensibilizado, continuaba con la colocación del negativo y la exposición a la luz, y finalizaba con el lavado que revelaba la imagen definitiva.
Ver cómo una fotografía nacida en una cámara digital termina convertida en una pieza artesanal sobre papel de acuarela resulta difícil de explicar con palabras.
De izquierda a derecha: fotografía digital original, negativo en papel de acetato, lámina de cianotipia mía, lámina de cianotipia de José Antonio Suvires.
Cuando la técnica se convierte en arte
Durante el taller todos aprendimos a preparar el papel siguiendo las indicaciones de José Miguel. En mi caso, apliqué la emulsión de forma uniforme, intentando obtener una copia técnicamente correcta.
Sin embargo, tuve la fortuna de coincidir con José Antonio Suvires, cuya experiencia permitió comprobar que la cianotipia puede ir mucho más allá de un simple procedimiento de reproducción.
Mientras yo buscaba la uniformidad, él utilizaba el propio pincel como una herramienta creativa. La forma de aplicar la emulsión, las texturas, los bordes irregulares y las distintas densidades pasaban a formar parte de la obra. La cianotipia dejaba de ser únicamente una técnica para convertirse en una interpretación artística de la fotografía original.
Y entonces llegó una sorpresa que no esperaba.
José Antonio realizó una cianotipia utilizando mi fotografía y tuvo el enorme detalle de regalármela.
No fue solo un regalo. Fue la interpretación de una imagen mía a través de la mirada y la sensibilidad de otro fotógrafo. Un gesto de una enorme generosidad que conservaré con muchísimo cariño.
Cerrando un círculo
Durante los últimos años he trabajado casi exclusivamente en fotografía digital. Miles de imágenes almacenadas en catálogos de Lightroom, copias de seguridad, fotolibros, impresiones y alguna exposición.
Sin embargo, este taller me recordó algo que había sentido muchos años atrás, cuando revelaba carretes o veía aparecer una copia en el laboratorio: la fotografía también puede ser lenta. Puede oler a química, obligarnos a esperar y sorprendernos cuando una imagen empieza a cobrar vida sobre un papel.
Quizá por eso la cianotipia sigue teniendo algo de magia.
Porque nos recuerda que una fotografía no tiene por qué terminar siendo un archivo digital. También puede convertirse en un objeto único, con textura, con imperfecciones y con una historia detrás.
Mi agradecimiento a José Miguel Morales Ofrecio por compartir, una vez más y de forma completamente desinteresada, su conocimiento y su pasión por los procesos fotográficos históricos; a ASFOALH por seguir apostando por actividades de este nivel; y a José Antonio Suvires por un regalo que va mucho más allá de una copia en papel.
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